28 de diciembre de 2014

No elegimos nuestros gustos, ellos nos eligen

Aunque hagamos el intento de pensar que elegimos lo que nos gusta, nunca terminará por ser así del todo. Hasta que no caigamos en la primera vez que probamos algo no sabremos si formará parte de nuestros placeres o de nuestra lista negra. Algunas veces queremos querer algo sin comprender que debemos hacer caso a los sentimientos pese a que podamos estar en desacuerdo con ellos y queramos hacer oídos sordos (o corazón cerrado).
Nos persigue de forma aleatoria, fruto del azar que cuando madura se convierte en árbol firme que permite dar sentido a todo lo que somos. Ambigüamente, aquello que nos da más firmeza es, a su vez, nuestro punto flaco, aquel que proteger antes que cualquier otra parte de nosotros.
Lo más duro de tener una debilidad, es no saber reconocerla, no buscarla y darse por vencido cuando eso posiblemente sea lo que de verdad nos haga felices.
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