28 de diciembre de 2014

No elegimos nuestros gustos, ellos nos eligen

Aunque hagamos el intento de pensar que elegimos lo que nos gusta, nunca terminará por ser así del todo. Hasta que no caigamos en la primera vez que probamos algo no sabremos si formará parte de nuestros placeres o de nuestra lista negra. Algunas veces queremos querer algo sin comprender que debemos hacer caso a los sentimientos pese a que podamos estar en desacuerdo con ellos y queramos hacer oídos sordos (o corazón cerrado).
Nos persigue de forma aleatoria, fruto del azar que cuando madura se convierte en árbol firme que permite dar sentido a todo lo que somos. Ambigüamente, aquello que nos da más firmeza es, a su vez, nuestro punto flaco, aquel que proteger antes que cualquier otra parte de nosotros.
Lo más duro de tener una debilidad, es no saber reconocerla, no buscarla y darse por vencido cuando eso posiblemente sea lo que de verdad nos haga felices.

2 de diciembre de 2014

¡Cuidado!, los problemas te tienen

No todos tenemos problemas. Muchos de nosotros sí los tenemos, y unos pocos no tienen problemas, los problemas los tienen a ellos. De modo que el mayor problema de un tipo de persona así, es sí misma. Y si no sabe a poco, además, se crean aún más obstáculos de la nada, se piensan que están mal, cuando en el fondo, lo están haciendo mal.
En algunos momentos, a todos puede parece una dura tarea eso de aguantar nuestros problemas como ovejas en un corral y teniendo como perro pastor a la cordura, pero estas personas que tienen impuesto un desorden emocional y vital grave, no pueden comprender que no son los únicos que sufren, que lo pasan mal, que tienen que sacrificarse, que tienen que dar fin a ciertas épocas de la vida, cuando lo que los hace únicos a esos fantasmas es una buena patada en la boca.
Lo más notable en estos personajes es la capacidad que tienen para exteriorizar la culpabilidad, se autoconvencen de que el resto de personas son quienes hacen que fallen y les impiden estar bien o son los que fallan al hacer las cosas, se cabrean con el resto del mundo porque llegan a tal punto de cobardía que no podrían enfadarse con ellos mismos, siendo sinceros.
Si no has pensado en alguien con esa personalidad, tal vez... tú lo seas, o has tenido mucha suerte de no encontrarte nunca con una persona así (cosa que no creo).