15 de mayo de 2014

Olvidar lo que olvidas

Cuando algo se convierte en pasado y deja huella, o más bien, cicatriz (para darle cierta connotación negativa) siempre viene una y otra vez a la cabeza la idea de dejarlo ir, de olvidarlo y no tenerlo presente cada noche al entrar en la cama, al ver a alguien o algo relacionado con esa mala pasada. Pero en tanto que se pretende olvidar eso, se está recordando de manera indisociable, te dices a ti mismo "No debo pensar en eso, no debo hacerlo" y al instante ya estás a ello, ya te han asaltado los recuerdos con la guardia baja.
Lo más eficaz para conseguirlo es hacer justo lo contrario, no recordar olvidarlo si no, olvidar que lo tienes que olvidar, que se diluya en el olvido poco a poco y sin ser plenamente consciente del proceso de olvido. Por eso, cualquier excusa para hacer algo que no esté relacionado con ello o algo nuevo siempre debe ser bienvenido, no atascarse en un período de pena y lástima, ni negarse a uno mismo la posibilidad de vivir otras cosas por el hecho de estar dolido a causa del pasado, la mejor curación reside en moverse, en experimentar cambios, en tener otros hábitos que mantengan ocupada a la mente mientras intentamos alejarla de algo que jamás volverá a atormentarla una noche más.
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