12 de mayo de 2014

La magia de la insinuación

Como un camino de migas de pan que no sabes exactamente donde acaba o como un rompecabezas el cual no sabes cuando lograrás encajar, existe siempre en estos casos una especie de magia, que viene condicionada por no tener idea del resultado final. Esa curiosidad/ interés por descubrir constituye el motor necesario para seguir adelante; es algo que perdura durante todo el proceso, es eso que te hace pensar, que hace que tu cerebro trabaje y de hecho, te gusta, gusta sentirte rodeado por esa insinuación, ese "no sé qué, pero quiero saberlo".
¿Que por qué gusta más lo insinuado que lo enseñado desde un primer momento? Pues tal vez sea por lo inconformista de la naturaleza humana, o tal vez porque nos gustan los retos, las dificultades... El atractivo de lo difícil es algo invisible, pero también es algo irrevocable, seguirá estando ahí aunque no se vea, aunque no lo quieras. Puede que haya quien piense que lo fácil también puede resultar deseable en algunos casos, que también se puede disfrutar pero claro, después de eso, no queda más cuando ya lo has visto todo, ya lo sabes todo, cuando el velo misterioso desaparece se lleva gran parte del deseo, de la atracción. Y, al fin y al cabo, eso "fácil" termina siendo algo sin brillo, algo que no llama la atención nunca más aunque le pongas cierto empeño, ya te ha saciado, ya te ha cansado, ya te has librado de esa magia que tan bien te sentaba.
Personalmente, prefiero buscar esa mágica insinuación de las cosas en la vida (aunque no me lleve a buen puerto) antes que buscar algo rápido y fácil, al menos el camino recorrido hasta la negación o el rechazo me ha entretenido, me ha llenado y me ha servido para aprender cosas que por la senda simple, jamás habría descubierto.

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