8 de septiembre de 2013

Una pérdida oportuna

No se te pasó la hora, la hora pasó por delante de ti, ignorante de aquello que albergaba y cuando lo quieres pensar ya no está, ya no existe la oportunidad. No puede volver, tal vez pienses que llegará de nuevo, pero no esa que pasó, es otra disfrazada de esa, que en el fondo no es.
Las oportunidades son tan únicas como los modos que existen de dejarlas ir...
Lo más inevitable y a la vez, lo más inútil después de que la hora haya pasado, es intentar mantenerla viva, como querer que no se apague un fuego que ya está en cenizas.
En los puntos de inflexión, las cosas siempre se tornan más delicadas, porque en ese preciso punto se encuentra la unión entre lo negativo y lo positivo, o viceversa. Y si no sabes como comportarte en dicho punto, puede llegar a desestabilizarse todo, perder el rumbo además de lo que pudo haber ocurrido.

Perder una oportunidad para la persona cegada es como una maldición, mientras que para para la persona con un poco de visión, puede ser un tesoro. Desprenderse de una cosa conlleva poder elegir entre otras muchas, conocidas y no conocidas, para reemplazarla.

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