21 de marzo de 2012

Planes improvisados

La vida es como una montaña rusa, hay bajones, subidones, tramos en los que vas muy rápido, otros en los que vamos despacio y sin sinuosidad... En los momentos previos a una bajada llena de adrenalina siempre hay un movimiento lento hacia la cúspide de lo más alto, ahí es cuando vas pensando en lo que te espera al bajar.
Ese pensamiento, a veces, más que siempre es inevitable, pensar en lo siguiente, en el futuro próximo, en el futuro a media distancia y a largo plazo. Piensas y piensas sin un porqué ni un para qué, te embriaga la sensación de lo que puedes encontrarte en tu futuro, es irresistiblemente tentador.
Y cuando tienes cosas pensadas, cosas grandes por hacer, que te llenan de ilusión y pasión por continuar viviendo, tienes unas irrefrenables ganas de que tu futuro se convierta en tu presente sin rechistar, que tu presente sea pasado para recordar.
Intuitiva y sensorialmente intentamos trazar el camino que hay hacia adelante, pero no siempre coincide exactamente lo que trazamos con lo que caminamos realmente. No digo mejor ni peor, digo diferente.

No importa cual sea el aliciente, no importa cual sea la especia que le eches al plato que conforma tu futuro. Puede ser una persona, algo pasional, un proyecto, algo laboral... Cualquier cosa que tú quieras que te ilusione te ilusionará en tanto que te dejes ilusionar por ella.

Tiempo al tiempo, y tú, a mi.
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