7 de marzo de 2012

El hogar del amar

Con los tiempos que corren, repletos de materialismo y con la hipócrita predominancia de lo aparente, parece ser que lo más difícil es darse cuenta de lo esencial, de lo interior, de lo que realmente es algo.

Para mi, una persona a la que querer es como una casa, como un dulce hogar por el que el amor pasa.
Hay muchos tipos de casas, unas más adornadas que otras, unas más grandes que otras, unas más a la vista que otras... Pero lo importante de una casa, es su interior, su contenido, lo que habita en ella, sus muebles, su decoración.
Lo mismo pasa con las personas, exactamente.
 Puede que, a primera vista, veas una casa que está muy mal, que tiene un aspecto horroroso y no te atrae la idea de entrar en ella... Pero imagínate que, en esa misma casa, pero por dentro, es diferente, la cosa cambia y te sientes cómodo. Ahora que estás dentro y te sientes a gusto, vuelves a pensar en tu primera sensación al ver la casa desde fuera, te habías equivocado rotundamente.
Lo mismo pasa con las personas, exactamente.
Digamos que, amar es vivir y una persona es una casa, correspondientemente. ¿Cómo se vive mejor, en una casa que está vacía o en una casa llena de cosas? ¿Cómo se vive mejor, en una casa que está llena de cosas que no te gustan o en una que está llena de cosas que te gustan?
También es cierto que, todo es cuestión del punto medio. Que hay casas que te gustan por su interior, pero hay cosas que no te parecen bien en ella, pequeños defectos que saber aguantar. Puede que tengas también la oportunidad de vivir en una casa de la cual adores su interior y su fachada, pero eso ya depende del tipo de "decorador" estés hecho.
Lo mismo pasa con las personas, exactamente.
Por último, si le tienes mucho cariño a una casa que te encanta, pero está muy destrozada y con daños y, pese a todos los arreglos y reparaciones que hiciste sigue igual. Lo mejor que puedes hacer es desalojarla y mudarte a otra casa.
Lo mismo pasa con las personas, tristemente...

Publicar un comentario