4 de marzo de 2015

Diagnóstico de la operación: pisoteado.

Llevabas mucho dormido y te costó cierto tiempo reconocer que realmente lo estabas, que no era ninguna clase de espejismo o fantasía. Mejor volvamos hasta el principio.
Todo era suave, nada hacía que vieras lo contrario, recuerdas con claroscuros que no te dolía, matizando aún más, no percibías anomalía alguna que te hiciera sentir dolor.
Fue como una noche agradable en la que bebiste más de la cuenta y la gota que colmó el vaso, se derramó, el sonido de su choque contra la realidad activó tus sentidos e hizo que te llegaras a despertar. No cabe decir la resaca que te esperaría después.
Fue como  una operación en la que te anestesiaron profundamente, hicieron contigo lo que quisieron y te dejaron tirado poco antes de que los efectos anestesiantes también lo hicieran. Para qué describir el dolor que sentirías más tarde.



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