12 de marzo de 2014

Un océano de gotas

En nuestras vidas tendemos a colocar e identificar a las personas que pasaron por ellas (o aún siguen), con cierto rango, cierta importancia, todo esto muy organizado e indudable, pero si nos paramos a pensar, son cosas firmes (amistades, amores, enemistades, indiferencias, e incluso la familia...) que nacen del azar; y me resulta gracioso porque tal vez, otro destino nos hubiera tocado, aunque tuviéramos esas "cosas firmes" que decía antes, serían otras personas distintas las que le pondrían cara.
No sé si queda clara la idea que intento expresar, pero pondré un ejemplo simulado, por si acaso...
Imagínate que, en vez de esa persona a la que tanta importancia le das, tanto quieres, tanto es para ti, fuera otra persona distinta, ¿es algo un poco impensable, no? Podrías alegar argumentos tales como "nos conocemos desde hace...", "para mí es una persona única, nadie la podría reemplazar". En el fondo, nunca elegimos desde un primer principio quienes llegarán a ser, en un último final, las personas más importantes para nosotros.
Si se piensa en frío, puede parecer una idiotez sin sentido o fundamento, pero de hecho es así, es escalofriante pensar en la cantidad de opciones y posibilidades que hay en la vida, pero incluso pensándolas, jamás llegaremos a tener una idea de cuantas son.
A fin de cuentas, nunca sabremos las gotas que nos tocarán dentro del único océano que podemos explorar.
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