2 de abril de 2012

Dolor sembrado

El dolor es como una semilla de la planta trepadora, que cuando crece te atrapa, que te llena de presión y dolor a causa de ello. Pero el dolor es diferente según en que momento se identifique...
Al principio existe un dolor que es implantado en tu cuerpo, una semilla que cae dentro de ti, a causa de algo directamente. El dolor del que hablo es el dolor del acto, el dolor que se produce en el momento en el que te sucede algo malo, algo triste, algo negativo.
Luego, está el dolor interior, el que se queda, el que se va introduciendo con el tiempo hacia tus adentros, que va creciendo y enredándote poco a poco, hasta casi ahogarte. No es más que una tortura individual, lenta y dolorosa que si te dejas y eres muy débil podrá contigo tras cierto tiempo. Te habrás consumado tras ello.

Por eso, cuando tengas dolor para ti guardado y que no muestras a nadie más, debes actuar de tal forma que no siga siendo así, si no te abres tú mismo al exterior para buscar ayuda, te abrirá la planta trepadora llamada dolor con sus tallos provocándote heridas profundas y, tal vez, irreparables.
Buscar una ayuda para ello, es como contratar a un jardinero que se encargue de parar el crecimiento de la mala planta que te tiene inmovilizado, que utilice un herbicida terapéutico y, de tal forma, los efectos del dolor vayan desapareciendo, que se disipen tan confusamente como vinieron.

Pero este dolor no puede ser desprendido de raíz así como así, no se puede desarraigar completamente de ti más que con el tiempo... La semilla del dolor irá desapareciendo lentamente con esfuerzo, esta vez, esfuerzo propio, al ser ya liberado tu cuerpo de esas trampas vegetales que te tenían apresado.
Además, para favorecer este esfuerzo es aconsejable tener un objetivo: plantar algo nuevo, criar una flor bonita. Un objetivo que te distraiga de tu pasado lleno de sufrimiento.

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